Un punto de partida

Rossana Cantarely*

Como escritora considero que el conocimiento debe ser integral, no es que lo podamos saber todo, pero hay que tratar de saber un poco de diferentes áreas porque el enlace en distintos aspectos del conocimiento es lo que enriquece el saber y te da amplios criterios y más puntos de discusión. Asimismo considero que no hay mejor punto de partida que las humanidades.

Sin embargo a todos nos interesa la naturaleza general del universo y del lugar donde habitamos. La ciencia y el arte caminan en búsqueda de la solución del enigma.Así que estableceré un vínculo entre la bella teoría de la física moderna conocida como la teoría de las supercuerdas y la literatura, específicamente el Aleph de Borges. En el intermedio tendremos concepciones filosóficas interesantes.

La teoría de las supercuerdas (TSC) es un concepto que nace a raíz de la teoría de la ley de la relatividad de Einstein que a mí me gusta afirmar que más que una teoría física es una teoría filosófica. Einstein, por ejemplo, era un hombre sencillo de una mentalidad compleja y cuya curiosidad le hacía indagar sobre lo que se consideraba ya dado por cierto. Su energía mental estaba completamente dedicada al cultivo de la ciencia; su figura solitaria, autosuficiente, estaba siempre enfocada a esa búsqueda para descifrar la importancia de los detalles. No hay que creer en los absolutos.

Su curiosidad científica lo llevó en 1905 a consolidar el concepto de Relatividad y renombró toda la física con este hallazgo. Amante de la música tanto como de la matemática, Einstein era espontáneo y sorprendente, un excelente violinista y un genial matemático; un científico y también un humanista.

La teoría de la Relatividad es una teoría filosófica y física de la realidad. Einstein descorrió la teoría de la gravitación, perfeccionó las ideas de Newton y dio una nueva visión de lo que se consideraba absoluto. La relatividad, de acuerdo a Einstein, es un principio aplicable a todos los fenómenos de la naturaleza; un principio que podría unificar las leyes acorde a la teoría del campo unificado. Así  Albert Einstein planteó las bases de la física teórica de siglo XX y XXI. Los descubrimiento actuales sobre los agujeros negros, la antigravedad, nuevos planetas,  la energía oscura y la aceleración del universo confirman la importancia de las ideas sobre las incógnitas cosmogónicas de las que hablaba Einstein.

Indudablemente Einstein se adelantó a su tiempo con sus concepciones de espacio,  materia y  tiempo. Y el punto fundamental es: cuántas dimensiones existen en la realidad. Einstein nos hablaba de cuatro dimensiones. Con la teoría del embudo y de los tiempos paralelos y los agujeros negros, esto de las cuatro dimensiones pasa a ser una teoría muy discutible. Así que la teoría de las supercuerdas (TSC) nos lleva a pensar desde la matemática de Klein en diez u once dimensiones. Imaginémoslo.

Yo creo que Borges imaginaba el Aleph de esta manera, un cubo a través del cual podía verse el mundo desde diferentes perspectivas. Un prisma  poético de la razón de la mirada del individuo  espectador. Una forma diferente de ver la realidad creando una nueva realidad desde cada ente creador.  A la ciencia no le es ajena la filosofía y a la poesía no es le es ajena la filosofía. Borges abrevia el destino humano y juega con esa dimensión de incógnitas e perplejidades. El escritor imagina y razona para entender el mundo y recrearlo para entenderse a sí mismo.

Borges decía ¨ Somos el tiempo ¨; no podemos evitar ser quienes somos pero las ideas son eternas. En esta visión también reside una visión de la vida huidiza...porque la vida se nos va a cada instante en que nos vamos transformando. Y nos queda la mirada humana aquella que puede apreciar las realidades sencillas y que al detenerse a mirarlas descubre la complejidad que existe en ellas y nos lleva a crear.

El tiempo, el infinito, y el problema del “otro” son algunas de las dimensiones de las que nos habla Borges. Claro me refiero a esa vinculación simbólica en la que el escritor da realidad al pensamiento, a la palabra. Un punto de partida para crear un mundo es tratar primero de entenderlo, filosofar sobre él y luego trasladarlo de lo abstracto a lo concreto y dejarlo hecho palabra. Un punto tal vez subjetivo, muy humano, emocional, pero también fuertemente teórico y racional.

 

 
     
     
 
*Rossana Cantarely
Licenciada en Letras de la Universidad Centroamericana ¨ José Simeón Cañas ¨; Maestría en Lexicografía Hispánica de La Real Academia de Madrid, España. Docencia en la Universidad Centroamericana ¨ José Simeón Cañas.
 
 
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