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Ensayo
"El sentido filosófico-estético de la belleza en la obra ‘El retrato de Dorian Gray’:un estudio sobre la trascendencia de lo bello”
Nataly Guzmán Velasco*
El Retrato de Dorian Gray, más que una obra literaria, es un tratado de estética. Al mismo tiempo, es un estudio sobre lo bello y sus matices, y sobre la filosofía que permite distinguir por qué las personas no siempre saben vivir bajo la imagen que las representa. Esta obra explica, desde diversos ángulos, que no son evidentes a simple vista las cualidades que pueden esconderse o no detrás de unabelleza que habla por sí sola, por lo que el autor nos reta con la idea de que hemos perdido el sentido abstracto de lo bello, y nos hemos conformado con pensar que las apariencias nos dan una idea del comportamiento de una persona. El tipo de belleza que se describe en la obra puede ser un punto de partida para la discusión pero no de llegada, más bien es un punto de interés por la complejidad de la naturaleza humana en relación con la estética, la filosofía, y la ética.
La común interpretación superficial de lo bello se encuentra inmersa en un contexto que concibe al hombre en un mundo de individualismo, hedonismo y doble moral, elementos que ya no sólo le pertenecen a la sociedad victoriana del siglo XIX, sino que han trascendido hasta nuestra época. Este matiz histórico le da el sentido filosófico que acompaña la discusión sobre lo bello y lo sublime. Oscar Wilde era escéptico cuando se trataba de discutir que las cualidades morales de algo o alguien eran perfectamente reflejadas por su apariencia; era empírico cuando decía que experimentar era, sino la única, la mejor forma de saber y conocer la vida; y era materialista cuando hablaba de la naturaleza humana.
Este trabajo intenta analizar cuál es la concepción estético-filosófica de la belleza en la obra “El retrato de Dorian Gray”, del autor Oscar Wilde, escrita en 1890. Lo que se pretende es identificar cuáles son las características que se le adjudican a lo bello, para así poder hacer una distinción sistematizada y crítica sobre las dos caras de este concepto: el valor estético de una obra por su belleza misma (un sentido de belleza limitada a la percepción de los sentidos), y el valor estético de una obra determinado por lo que representa en términos de armonía moral, virtud, lo sublime y lo inteligible. Wilde insistía en que el arte, la moral y la ética no siempre caminaban de la mano.
Nada más certero que la misma lectura que hace Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray, donde el centrar la degustación estética poniendo al mimo nivel lo bello y lo sublime se convierte en una trágica decepción y en la corrupción del espíritu.
Sobre las apariencias, la concepción del arte, y de lo bello
Detrás de todas las cosas exquisitas que existen hay algo trágico.
Al inicio de la obra se comienza a discutir una definición de belleza determinada por la apariencia física. En este sentido, la belleza de Dorian es admirada sin reservas, tanto por el pintor del retrato, Basil, quien representa al autor de la obra, como por Lord Henry, quien representa al crítico de la obra. El resultado: una gran admiración por el objeto del arte y su constante descripción. Ambos consideran a Dorian como un joven Narciso, como un Adonis que parece haber sido hecho de marfil y de pétalos de rosa que no necesita de ningún tipo de intelecto porque la verdadera belleza termina cuando comienza la expresión intelectual, “El intelecto es en sí mismo un modo de exageración, y destruye la armonía de cualquier rostro...”(1). La belleza de Dorian era considerada como un tipo de adorno que podía decorar fiestas, salones, reuniones; algo hermoso sin intelecto que podía ser contemplado en invierno cuando no hay flores. De hecho, al principio de la historia, la belleza de Dorian es un atractivo natural, determinado por su juventud, su ignorancia, su inocencia, y por la simpleza de su alma. Todo ello reflejado en su retrato.
En este punto comienza la discusión sobre si lo que la obra verdaderamente refleja son las cualidades del objeto o las del artista, y si la belleza que se contempla en el retrato de Dorian es en realidad una revelación del alma de su autor. Basil piensa que los retratos son un reflejo del artista más que del objeto que posa, que los objetos son meros accidentes, meros productos de una situación determinada, y que por ello preferiría no exhibir su obra en el caso del retrato de Dorian, porque este tiene mucha influencia en él y tiene miedo que esa personalidad que lo fascinó tanto con su belleza le haga mostrar ante todos el secreto de su propia alma. Por supuesto aquí se encuentran también elementos homo-eróticos planteados por el autor, más bien sugeridos a manera de ideal platónico, que como algo evidente. En la época presente la homosexualidad es uno de los temas que más vende en cuanto a escándalo, y podría ser tema de cualquier reality show, pero en la sociedad victoriana, la sodomía, cuando se hacía pública, tenía un precio muy alto, un precio que el mismo Wilde tuvo que pagar.
Al mismo tiempo, Basil acepta que por la profunda admiración que le profesa a Dorian su obra es incapaz de expresar toda la belleza que este irradia, y que su personalidad le ha sugerido una nueva manera de ver el arte que le hace interpretar las cosas de diferente forma porque piensa que ha alcanzado la perfecta armonía entre cuerpo y alma. Por ello Basil piensa que es un error separar alma y cuerpo, y que cualquier realismo que intente separarlos es vulgar porque despoja a la obra de identidad.
Basil presenta una seria contradicción en su percepción de lo que debe ser el arte, ya que al mismo tiempo que indica que el arte debe tener una identidad propia, reniega del hecho que ha puesto demasiado de él mismo en su obra, “Un artista debe crear cosas hermosas, pero no debe poner nada de su propia vida en ellas...” Esto muestra el sentido complejo del arte aún para el propio artista creador. De cualquier manera, aquí se presenta el dual del rol del hombre frente al arte: Deben los individuos estar solo limitados a ver únicamente lo que los sentidos nos permiten, o debe ir más allá y encontrar la belleza trascendente.
Este dual muestra la complicidad que existe entre el artista y la obra. Basil atrapa el alma de Dorian en su obra, no su belleza física en sí. Eso explica la transformación mítica en el reflejo de la crueldad que más adelante desarrolla Dorian, el hombre, en el cuadro. Aquí puede verse una especie de dualidad platónica, ya que el cuadro atrapa al mundo suprasensible y por ello expone las acciones cruentas del protagonista. El cuadro capta el alma en un momento determinado cuando Dorian es todo inocencia y sus únicos pecados son sus caprichos y su vanidad. De ahí la temprana semejanza entre obra y objeto. A medida que Dorian intensifica la crueldad de sus acciones él y el cuadro pasan a estar en planos diferentes. Dorian representa el mundo de los sentidos y el cuadro representa el alma y las consecuencias de sus acciones.
En un tercer momento se describe la dualidad de la naturaleza de Dorian y es como si se presentara la pregunta ¿es la belleza un elemento libre de corrupción o podría ser corrompible? ¿Es todo lo bello sublime? Desde el momento en que Dorian se impresiona con la filosofía hedonista de Lord Henry y se siente atraído hacia un estilo de vida que marca al desarrollo individual de la personalidad a través de satisfacer todos los placeres posibles; inmediatamente cambia la inocente forma de belleza que hasta entonces había tenido. Esto marca el primer contraste entre la belleza física y la belleza del alma. Dorian es sumamente impresionable, la única característica propia de su carácter es ser caprichoso, como se discutió anteriormente.
La belleza también es definida en la obra como una forma de genialidad, de una genialidad más allá de lo genial ya que no necesita explicación alguna, que no puede ser cuestionada, pero que con el tiempo se pierde. Este es el primer quiebre principal del discurso sobre lo bello por dos razones: primero, porque cuestiona inmediatamente la vanidad de Dorian y le mortifica pensar que puede perder algún día su belleza; y, segundo, porque tanto el ideal medieval de belleza como el Wildeano plantean que toda belleza es efímera y pasajera, y que lo verdaderamente sublime es sólo lo trascendental, lo que va más allá de una belleza corpórea. Wilde plantea que el verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.. Sin embargo, Wilde considera que existe un valor trascendental a la belleza.
La contemplación estética no es puesta en evidencia con la apreciación del cuadro que hace Basil o Lord Henry. Ellos básicamente se refieren a la belleza de Dorian como hombre que les recuerda a un Dios griego. Y Basil explica cómo con Dorian él ha descubierto una nueva forma de arte. Básicamente se describe el proceso de inspiración del artista. Pero ahora un cierto sentido de contemplación estética en realidad se nos revela cuando Dorian observa su cuadro por primera vez. Físicamente Dorian se aparta del cuadro y sus mejillas se sonrojan de placer, la novela describe cómo la alegría llena sus ojos, cómo si se hubiera reconocido a sí mismo por primera vez. Se queda quieto, asombrado, a penas consciente de lo que dicen Basil y Lord Henry, absorto en ese sentimiento de contemplación que inspira la degustación estética.
Por primera vez, de acuerdo a la historia, el sentido de su propia belleza lo sobrecogió como una revelación porque nunca había sentido algo así. Wilde se limita a describir las sensaciones de los personajes ante el disfrute del arte, no se dedica a sermonear al lector con las lecciones morales que recibieron por haber degustado de esta, sólo sugiere el tema de la moralidad cuando se refiere a la vida y a las consecuencias de las acciones. En cuanto a la belleza y a la moralidad en la apreciación del arte, Platón también se preguntaba “¿Deben las artes contener o ser vehículos de conocimiento?”(2) , y la sociedad victoriana apreciaba que sí, que el arte debía educar y moralizar. Mientras que Wilde opinaba que no le dejáramos el trabajo de lo moral a las artes, ya que, por ejemplo, no había libros morales o inmorales, sólo libros bien escritos o mal escritos. Él mismo sufrió críticas duras por su material literario, precisamente por la queja de que eran inmorales.
Esa contemplación es interrumpida por el hecho de que Dorian comienza a pensar en el paso del tiempo, en la realidad de la pérdida de su juventud y vitalidad, en cómo su piel se arrugará, su sonrisa se deformará... En cómo hasta perderá la gracia de su figura. En ese momento Dorian se derrumba, y ofrece su alma por su eterna juventud. La misma alma con la que percibió la belleza de su cuadro en ese instante que perdida para él. Ahora el alma le pertenece al cuadro y a él sólo la belleza. Dorian no se percata que la belleza muere de todos modos y el alma no. Este es otro punto de contraste entre la percepción medieval de alma y cuerpo. Para la visión hedonista victoriana, el culto al cuerpo, igual que en nuestros días, es una lucha constante para preservar lo que nos hace atractivos para los demás, lo que nos hace socialmente aceptables en determinados círculos.
La contemplación del artista, en cambio, afectaba su alma en el sentido que esta había sido despertada por una visión maravillosa al contemplar su propia obra, una visión que sólo es capaz de revelar sentimientos extraordinarios, en los que las formas cobraban un valor simbólico refinado, cómo si fueran los moldes de formas perfectas, de sombras que habían sido transformadas en realidad. Basil pensó en ese momento que él era el Platón o el Buonarotti de su época. Aquel que debía dominar el objeto de su arte, apropiarse de su espíritu... porque “Había algo fascinante en este hijo del amor y de la muerte”.Por tanto, el sentido de la apreciación del arte es descrito como una especie de transe, como un momento de intimidad en la que sólo existe la obra y el que la contempla. Este es el momento de fruición.
El amor del artista por su obra es presentado como algo que no sólo es físico, sino también noble e intelectual. No es una mera admiración que pueda morir cuando se cansan los sentidos. Pero este amor del artista no puede impedir las acciones de Dorian, su objeto de inspiración, ni la transformación de su alma, ahora la obra.
El arte es descrita tanto como la producción del artista, como forma de vida. En el prefacio del libro Wilde indica que uno debe ser una obra de arte o llevar puesta una obra de arte, en el sentido que es importante rodearse de la pasión por la vida y unir esa pasión al intelecto, ya que lo importante es el efecto que el arte tiene en uno. Esta concepción es una mezcla de arte y filosofía, y nos da a entender que, a veces, esto es el efecto del arte. O es una mezcla de la pasión y del intelecto, cualidades que sólo una personalidad compleja puede tornar en arte o asumir su oficio para hacer de la vida una verdadera obra de arte. Esta es una concepción elitista de la apreciación del arte en cierto sentido, algo propio de la revolución industrial y el despegue que la cultura de masas. Se pensaba que la masa amorfa del común no sería capaz de apreciar el arte en todo su valor pues no tenía el gusto de lo estético y era vulgar.
La historia de Dorian Gray no revela solamente una serie de perspectivas sobre lo que podemos llamar belleza. También define qué es lo contrario a la belleza. En la obra,además de lo feo, lo opuesto a lo bello es lo vulgar. Y lo vulgar está encarnado en parte por el sentimiento de decadencia de la época, y en parte por lo falso. Lo vulgar, lo falso, lo común, lo avejentado, lo marginal, son elementos que caracterizan la falta de belleza. A este respecto hay dos puntos de interés. Uno, que es la caracterización de Sybil Vane; y el otro, el más importante, el punto de partida del sentimiento de culpa que siente Dorian.
Basil desprecia el entusiasmo que Dorian siente por Sibyl, pues la considera una persona inferior y vulgar que puede degradar la naturaleza de Dorian y arruinar su intelecto. Esta actitud presenta, además de sus celos por el contenido homo-erótico de la novela, la actitud de las clases altas en torno a su concepción de las personas menos afortunadas. Aquí el artista considera que lo vulgar puede afectar la pureza de lo bello. Por su parte, a Lord Henry no le interesa si Sibyl es buena, solamente si es bella, porque lo bello también entretiene. Pero al final predomina ese sentimiento de que lo vulgar puede destruir el sentimiento de lo hermoso con el tiempo.
Sibyl no da la talla como actriz ante los amigos de Dorian, “Ella es muy linda, pero no puede actuar”, le dicen. Ese “no puede actuar” significa que Sibyl no está cumpliendo con la función del arte, ya que es una actriz común y mediocre, y a pesar de que agrada a los sentidos con su belleza “No es bueno para la moral ver una mala actuación”. La devoción y el amor que Sibyl le profesa a Dorian ni siquiera son tomados en cuenta, porque de acuerdo a la concepción del arte que ellos manejan, esos sentimientos no son artísticos sino provienen de su performance. Sólo importa el hecho de que el arte debe provocar a la imaginación y a la curiosidad, que debe producir un efecto.
El autor quiere indicar que no podemos buscar en el arte en sí misma valores que vayan más lejos de lo que los sentimientos humanos pueden ir. A sibyl no le importa el arte. Le importa lo sublime, es decir, el amor. Sólo las personas son capaces de inspirar a la moral, el arte ... no necesariamente. Pero los protagonistas simplemente reflejan la creencia victoriana. No le dan importancia a la persona, sólo al arte que esta pueda proyectar, y que si no es capaz de hacerlo, entonces no sirven de nada sus emociones como ser humano, porque para la sociedad los valores más altos le corresponden al arte, no a la persona.
La corrupción de la “belleza” de Dorian comienza con la primera transformación que él mismo observa en el cuadro. Él sabe que esto se debe a su comportamiento brutal y sin piedad ante Sibyl. Siente aflicción y arrepentimiento. La conciencia lo perturba y no puede soportar que su alma sea tan horrible a causa de sus acciones. A Lord Henry los sentimientos de culpa de Dorian le parecen simplemente “(...) una encantadora base artística para la ética” y nada más.
Dorian, el objeto del arte, pasa de vanidoso a petulante, temeroso de que el mundo conozca su propia vergüenza. Aquí se nos presenta otra forma de apreciación estética que aunque grotesca, también es sublime por la intensidad de los sentimientos de horros que inspira en Dorian. Es el cuadro quien se transforma y se corrompe. Aquí se juega con la idea de que ahora Dorian pasa a una tercera etapa de apreciación y asume que él es la verdadera obra de arte, ya que el cuadro se ha vuelto “feo”. La persona en la que Dorian se convierte representa esa obra de arte de la que hablaba Wilde, que no tiene más función que la de agradar a los sentidos. Lo que es bello, pero no sublime. Verlo era contemplar una obra de arte, pero sólo verlo no es saber qué se esconde bajo la superficie, pues su belleza no pasa a un plano trascendental, ni siquiera humano. La verdad de su alma estaba en el cuadro. Irónicamente el cuadro mostraba lo grotesco de su vida, algo que aún así es sublime por su contenido dramático y emotivo
Basil se avergüenza de sólo pensar que Dorian no tenga corazón ni compasión en él por la muerte de Sibyl. Nota su cambio, un cambio que hasta el momento sólo el mismo Dorian ha sido capaz de percibir. Dorian, por el contrario, piensa que ahora sí Sibyl ha alcanzado llegar a la esfera del arte porque ya protagonizó su actuación más vívida: su propia muerte. Pero que aún así ese tipo de martirio le parece patético porque es un desperdicio de belleza. Igual que para la sociedad victoriana, Dorian le deja la carga moral a su propio retrato y no se compromete como persona a ser responsable de sus acciones. Igual que las personas que van a la iglesia a lavar sus pecados, Dorian tiene instalado y escondido en casa el cuadro, que es quien carga con la responsabilidad de sus acciones.
Para Dorian ahora lo bello no es lo sublime de una representación artística, sino todo aquello que él pueda de hecho tocar y tomar con las manos, “Antiguos brocados, bronces con pátinas, ebanistería, marfil tallado, ambientes exquisitos, lujos, pompa, hay mucho que obtener de todo esto”. Humberto Eco explica que Curtius (3) considera que el hombre moderno tiende a sobrestimar las artes pláticas porque ha perdido el sentido de la belleza inteligible que tenían el neoplatonismo y la Edad Media. La belleza de Dorian, es decir, la superficie de la obra de arte, permanece inalterada e inalterable a lo largo del relato. Pero no hay en él una belleza trascendental. Todo lo que él encierra es temor por sus acciones, crueldad y pecado. Aquí comienza su doble juego, y lo que cobra importancia es la discusión filosófica de la contemplación de una obra de arte mayor: la vida misma.
Del objeto del arte al objetivo del arte: la apreciación hedonista de la filosofía de vida
La vida misma es la más grande de las artes
Dorian Gray queda hechizado cuando Lord Henry le dice que la única forma de deshacerse de la tentación es rendirse ante ella. ¿Está impresionado verdaderamente por lo que Lord Henry predica? ¿O simplemente admira su forma resuelta y libre de expresarse?
Así como Basil sintió que su nueva perspectiva de arte lo despierta de un largo sueño clásico inspirado en Dorian, así también Dorian siente que ahora la filosofía de Lord Henry lo llena de un nuevo deseo de conocer todo sobre la vida, un deseo que, según el joven, ya latía en sus venas.Dorian así encuentra consuelo en la filosofía hedonista y en el goce del arte. Dorian aquí pasa a representar tanto al ser andrógino como al dandy, la personificación del hedonismo.
El ser andrógino representado por Dorian está intrínsecamente unido a su imagen de dandy inglés a través del tipo de esteticismo del que piensa degustar. Su trademark lo convierte en un ser todavía más refinado que siente gran adoración por todo lo bello y de buen gusto que agrade a sus sentidos. “... el dandysmo representa una tentativa de fusionar en un ser único, superior, los principios que dividen al hombre y al mundo, activo y pasivo, yang y ying, macho y hembra, animus y anima, sadismo y masoquismo”(4).
La apreciación de la nueva obra de arte, la vida y la filosofía que la acompaña, debe ser retomada por aquel sujeto que sea libre de ataduras dispuesto a vivir sin límites,“Creo que el hombre debe vivir su vida de lleno y completamente, debe darle expresión a todo pensamiento, debe hacer realidad todo sueño (...)”. La meta de la vida del hedonista es el individualismo, buscar nuevas sensaciones, no temerle a nada, acariciar el pecado puesto que ese es el elemento que le da color a la vida moderna. Y quién es el hedonista... de acuerdo a Lord Henry, aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada. Este es un sentimiento vigente de nuestra época. Por cualquier carretera se puede encontrar grandes vallas publicitarias con slogans de marcas de licor como “Tu vida es una fiesta” o “Zero preocupaciones”, que hacen alusión a cómo la juventud debe concebir su actitud en una sociedad de consumo.
Es un requisito que para apreciar la vida de esta forma, uno debe estar preparado para pagar cualquier precio. Dorian se pregunta si el precio se refiere siempre al dinero, pero en un extraño arrebato de sinceridad Lord Henry le dice que a veces hay que pagar con remordimiento y sufrimiento en la conciencia de la degradación. No sabía que en ese momento le predecía a Dorian el exacto precio que él mismo tendría que pagar por su comportamiento, y fue también ingenuo en asumir que una persona tan bella no tendría porque enfrentar deudas con la justicia del destino, porque con tanta belleza, asume Lord Henry, es imposible cometer algún hecho vulgar que pueda empañar tal hermosura.
Para apreciar la vida como obra de arte, Dorian adoptó como su guía a “el libro amarillo”, que le había proporcionado Lord Henry. En el libro amarillo, “La vida de los sentidos era descrita en términos de filosofía mística. Uno no sabía si estaba leyendo sobre el éxtasis espiritual de algún santo medieval, o sobre las mórbidas confesiones de un pecador moderno. Era un libro venenoso”(5). Dorian estaba fascinado con el texto y pensaba que allí estaba escrita la historia de su vida aún y antes de vivirla. Este libro representa lo dañino que puede ser dejarse llevar por completo por las influencias que otros puedan ejercer. Wilde consideraba que uno debía resistirse a someterse a cualquier sistema definido de filosofía. El libro amarillo termina envolviéndolo en un estado mental tan cerrado como el de la misma sociedad que Lord Henry critica.
Pero más que apreciar lo bello, lo que Dorian intenta hacer es huir de todo lo que le resulte poco agradable, por eso se obsesiona con todos los objetos de arte que puede recolectar en sus viajes por el mundo. Es evasivo y no quiere admitir lo erróneo de sus acciones, o que estas puedan tener consecuencias. Como quien va al cine a ver una película, Dorian es el observador de su propia vida. El problema que se presenta aquí en torno a la apreciación del arte es que el egoísmo no permite que una persona se identifique con nada. Y por eso aunque Dorian quiere disfrutar al máximo tiene miedo, y eso lo refleja en su constante temor a que alguien descubra cómo se está deteriorando el cuadro. Esto refleja las características del hedonismo que el libro no destaca, pero que Wilde se asegura de revelar para conocer el precio de este estilo de vida de doble moral de la sociedad victoriana que él tanto criticaba, tanta pose, tanto persignarse, para luego cometer cualquier tipo de bajezas que se están criticando al prójimo, donde los buenos modales son más importantes que la moral.
Contrario a lo que decía Basil, el pecado no siempre se refleja en la cara de una persona, igual que no podemos asumir que algo bello en apariencia le puede dar automáticamente cabida a lo sublime. El artista, y no sólo la obra, se transforma en la conciencia de su objeto de arte. Cambia su sentido de la contemplación y le reclama por los rumores que circulan en Londres, le reclama que debe cambiar su vida y deshacerse de las malas compañías. Igual que la sociedad victoriana, Basil había asumido que su obra, por ser bella, era moral, y esa fue su ruina.
Si se quiere llegar a una síntesis filosófico-estética de El retrato de Dorian Gray, habría que decir que la obra tiene elementos de decadentismo. De decadentismo porque la obra llega a presentarnos una introspección de la sensibilidad y del inconsciente de Dorian en un contexto donde se evade la realidad del diario vivir, de lo ordinario, donde lo que predomina el individualismo y el hedonismo.
Al mismo tiempo, este decadentismo refleja las críticas contra la doble moral de la época. “La moral de la Inglaterra victoriana no estaba en manos de la aristocracia ni de la clase obrera, que se reían de todo, sino de una burguesía hipócrita, que a golpes de látigo y biblia habían convertido los colegios y universidades en hervideros de hooligans (...)” (6) . En Dorian Gray esta crítica es patente en tanto que todo el mundo, sobre todo en la primera parte de la obra, queda fascinado con la belleza externa de Dorian, y no ven más allá de ello. El mismo Oscar Wilde estableció una relación directa entre este contexto y estas sensaciones en su ensayo “La decadencia de la mentira” (1889), donde expone que “(...) la vida imita la arte más de lo que el arte imita a la vida. Esto es resultado no sólo del instinto de imitación de la vida, sino de que la meta conscientede la vida es encontrar expresión, y que el arte ofrece formas bellas a través de las cuales se puede atraer esa energía” (7) .
En segundo lugar, la obra tiene elementos de nihilismo, es decir, “Una negación de valores, conocimientos, y órdenes sociales de validez universal” (8) , principalmente representados por Lord Henry, quien desde la contemplación del crítico de arte retaba, cuestionaba y ridiculizaba las costumbres rancias e hipócritas de la sociedad victoriana. Esto se puede verse principalmente en la construcción estética (9) de la filosofía manejada por lord Henry, llena de ironía, como aparece en uno de los diálogos que sostiene con la Duquesa de Monmouth (10).
Lord Henry: La decadencia me fascina más.
Duquesa de Monmouth: ¿Y qué piensa del arte?
L.H. El arte es un mal.
D.M. ¿El amor?
L.H. Una ilusión.
D.M. ¿Y la religión?
L.H. La sustituta moderna de las creencias.
D.M. Usted es un escéptico.
L.H: ¡Nunca¡ El escepticismo es el comienzo de la fe.
D.M. ¿Y usted qué es?
L.H. Definir es limitarse.
La pregunta que surge ante todos los elementos filosóficos y estéticos que se ha examinado a lo largo de este trabajo es si Dorian Gray termina destruido por no haber sido lo suficientemente bueno o si sus días acaban por que no fue capaz de vivir a la altura de un verdadero hedonista. El tipo de filosofía que promueve este estilo de vida suena muy atractiva, incluso muestra que la libertad está ahí esperando por el que desee tomarla. Pero al mismo tiempo se nos presenta el hecho que vivir así, bajo esos preceptos es muy difícil, ya sea por todos los obstáculos que impone la sociedad, por todos los temores que afronta el hombre, o por las circunstancias y responsabilidades que hay que afrontar aun y desde la plena libertad.
Este sentido estético, por lo tanto, tiene un precio; el mismo Wilde tuvo que pagar ese precio al querer desenmascarar a la sociedad que lo había llevado a la cima y que más tarde lo llevaría a la cárcel. Así también ocurre con Dorian, que termina destruyéndose a sí mismo porque no aguanta ya con el peso de la aflicción que le provoca la conciencia. No se trata de un castigo divino, sino del hecho inevitable de afrontar las consecuencias del diario vivir.
En el caso de Dorian, mientras que ingenuamente Lord Henry le dice que no entiende su preocupaciones, ya que la vida es el arte y “Tus días son tus sonetos”, Dorian comienza a desprenderse del atractivo discurso de su amigo. Le dice a Lord Henry que él no lo conoce en realidad, y le reclama que ya una vez lo envenenó con un libro. En esta discusión se refuerza la tesis de Wilde sobre el arte y la vida, cuando Lord Henry responde ante las acusaciones de Dorian que es imposible que un libro envenene la vida de alguien.
Sólo Dorian sabía que su gusto por la vida y la belleza había significado la más vacía de las existencias, y la más corrupta de las experiencias. En este momento, ya Dorian despreciaba su propia belleza, pues pensaba que era la causante de sus desgracias. Ahora lo que le preocupaba no era vivir la vida al máximo, sino el hecho que su alma estaba ahora muerta en vida.
Sin embargo, como reflejo de los valores estéticos de su propia sociedad y de las líneas filosóficas que criticaban su proceder, Dorian culpó al retrato, a la obra de arte por toda su desgracia. Le atribuyó así a la obra la capacidad de moralizar o de destruir su vida, como si él no fuera responsable de sus acciones. Pensó entonces que la única posibilidad era destruir el retrato, así como había matado al autor de la obra, y creyó que sólo así estaría tranquilo.
Este tipo de perspectivas de evasión de la propia responsabilidad se relacionan con todo tipo de acciones del pasado o del presente que intentan buscar la maldad en objetos, libros,canciones, instituciones, y evaden la idea de buscar acciones concretas. Son las personas y no las cosas o los productos culturales los responsables de los sucesos que vive el hombre.
Al destruir Dorian el retrato, por tanto, se esta destruyendo en realidad a sí mismo, ya que fue él y no el retrato, el que llevó toda su vida y toda su belleza a la perdición. Por ello, al final el que se autodestruye es Dorian, y es él quien entonces tiene una piel seca y muerta, símbolo de sus acciones, y el retrato es el que brilla con la belleza de una inocencia pura. El autor de la obra, el artista, puede morir; puede perecer también la fuente de inspiración, así como el crítico de arte puede hacerse a un lado; pero la obra de arte permanece. Así es como Wilde demuestra como, para él, la función del arte es ser bella, y a veces hasta puede ser sublime, pero que cualquiera que sean los sentimientos que una obra provoque, las acciones causadas por ese sentir son responsabilidad de las personas.
Conclusiones
“Like the painting of a sorrow,
aface without a heart.”
De Hamlet
Debido a que Wilde perteneció al movimiento esteticista, creía que el arte posee un valor en sí misma, que su valor radica en su belleza, y que no necesariamente está ligada a la promoción de la moralidad o a reforzar esa moralidad. El esteticismo básicamente libera al arte de su función moralizadora. Incluso Wilde cuestiona en la obra qué tanta influencia puede tener verdaderamente una obra en la vida de una persona, y por ende qué tanta responsabilidad puede atribuírsele al objeto de arte que el sujeto que siga esos preceptos no pueda ser responsable de sus propios actos. Esto es lo que le sucede a Dorian con el libro amarillo. El culpa al libro y al retrato de toda su desgracia, cuando es él el verdadero responsable de sus acciones.
El “nuevo hedonismo” es la filosofía de vida que guía la existencia de Dorian Gray. El considera que el fin de su vida es buscar el placer sin ningún tipo de límites, y decide que sea la obra de arte la que cargue con las consecuencias de sus actos. Pero como de acuerdo a la tesis de Wilde, es el hombre quien al fin y al cabo es responsable de sus actos, a pesar de que la pintura de hecho envejece y se convierte en un despojo y de que Dorian se mantiene joven y bello, al final se puede ver como la conciencia del protagonista habita en realidad en su ser y no en la pintura como él creía; por ello, atormentado, al creer destruir el cuadro en realidad se destruye a sí mismo.
En la obra puede apreciarse el precio que hay que pagar por la sobrevaloración de la belleza, cuando se asume que algo bello es moral al mismo tiempo porque así lo parece. Dorian es considerado el centro de atención de fiestas y eventos culturales solamente porque es tan bello que parece puro y bueno.
Ya que debe mantener las apariencias, Dorian lleva una doble vida. Su contexto estético como persona de sociedad describe ambientes sobrios, soleados, refinados, primaverales, y decoraciones de exquisito gusto, entre otros. Y su contexto estético como persona depravada describe ambientes oscuros, sórdidos, cubiertos de niebla, en barrios bajos, callejuelas escondidas, en medio de lo que puede considerarse como lo marginal de la sociedad, con bares de mala muerte, salones de opio y prostitutas.
Hay varias obras de arte u objetos que son considerados obras de arte en la narración. Para Dorian, la obra de arte es primero su cuadro, por su belleza; luego Sibyl, por su talento histriónico; después la filosofía hedonista de Lord Henry, el libro amarillo y todos los artículos de lujo en los que se refugió. En cambio, tanto para Lord Henry como para Basil y la sociedad londinense, la obra de arte era Dorian. Esto indica que la belleza es relativa y abstracta, y que lo que se considera bello en un determinado momento, puede que no lo sea en otro contexto.
La filosofía de la obra nos indica que no hay o no puede haber visiones únicas de la realidad pues la vida y la existencia son complejas, y que por eso no se puede aceptar una verdad impuesta por la sociedad como la única forma correcta de vivir. Wilde promueve una construcción propia y personal de la vida y de la verdad para cada sujeto. Pero al mismo tiempo advierte de la responsabilidad que tiene el sujetosobre sus acciones y sus experiencias. Este tipo de filosofíade Wilde la hace patente a partir de sus aforismos, que son frases cortas de gran agudeza y claridad conceptual formuladas con precisión y brevedad. Con los aforismos, Wilde le cambia el sentido a los dichos populares socialmente aceptables para demostrar que sólo son clichés, “Los modales son más importantes que la moralidad”. Lo que hace es invertir la jerarquía de las frases y la parte de mayor contenido suele aparecer como la idea superficial. Con esto se define su sentido estético literario, principalmente en esta obra.
Lord Henry representa al crítico de arte, pues vive envuelto en un mundo de contemplación filosófica; sólo habla , pero nunca hace nada, ni reprochable ni bueno. Su vida es conversar, no se involucra en la acción. El artista, Basil, tampoco tiene valor de experimentar, vive encerrado en su mundo artístico, temeroso de revelarse a sí mismo ante los demás a través de su arte. Mientras que Dorian sí se atreve a experimentar pero tiene miedo de pagar por las consecuencias de sus actos. No quiere asumir la responsabilidad. Aquí se encuentra el factor común entre los tres, el temor a retar verdaderamente las visiones universales de moral planteadas por la sociedad.
Notas
1. Oscar Wilde, “The Picture of Dorian Gray”, The complete works of Oscar Wilde, Harper and Row Publishers, New York, 1989.
2. Beardsley, Monroe, Hospers. “Estética, historia y fundamentos” Cátedra, Madrid, 1997.
3. E.R. Curtius. “Literatura europea y edad media latina”, México, Fondo de Cultura Económica, 1955.
4. M. Lemaire, Le dandysme de Baudelaire a Mallarme, Montreal, 1978.
5. O. Wilde, op. cit.
6. Enciclopedia Clásicos de la Literatura Universal, Tomo III, La novela del siglo XIX. Ediciones Orbis S.A., Barcelona, 1990.
7. “La decadencia de la mentira”. Oscar Wilde ; introd., tr., notas Luis Martínez Victorio. Libros C. de Langre, España, 2002.
8. Diccionarios RIODUERO. Literatura I. Versión y adaptación por José Sagredo. Ediciones Rioduero, de EDICA S.A. Madrid, 1977.
9. “Nihilismo y estética”. Carlos Díaz. Editorial Cincel, España, 1987.
10. Oscar Wilde, “The Picture of Dorian Gray”, The complete works of Oscar Wilde, Harper and Row Publishers, New York, 1989.
Bibliografía
“La decadencia de la mentira”. Oscar Wilde ; introd., tr., notas Luis Martínez Victorio. Libros C. de Langre, España, 2002.
“Arte y belleza en la estética medieval”. Umberto Eco, Editorial Lumen S.A., Barcelona, 1999.
Diccionarios RIODUERO. Literatura I. Versión y adaptación por José Sagredo. Ediciones Rioduero, de EDICA S.A. Madrid, 1977.
“Nihilismo y estética”. Carlos Díaz. Editorial Cincel, España, 1987.
“The Picture of Dorian Gray”. Oscar Wilde, The complete works of Oscar Wilde, Harper and Row Publishers, New York, 1989.
Enciclopedia Clásicos de la Literatura Universal, Tomo III, La novela del siglo XIX. Ediciones Orbis S.A., Barcelona, 1990.
“El ideal andrógino en la época de los simbolistas”. Francine-Claire Legrand, del texto de autores varios“Simbolismo en Europa, Néstor en las Hésperides”. Editado por el Centro Atlántico de Arte Moderno. Turner Libros S.A. Cabildo Insular de la Gran Canaria, 1990.
“Le dandysme de Baudelaire a Mallarme”. M. Lemaire, Montreal, 1978.
“Estética, historia y fundamentos”. Beardsley, Monroe, Hospers. Editorial Cátedra, Madrid, 1997.
“Literatura europea y edad media latina”. E.R. Curtius, México, Fondo de Cultura Económica, 1955.
Oscar Wilde, “The Picture of Dorian Gray”, The complete works of Oscar Wilde, Harper and Row Publishers, New York, 1989.
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O. Wilde, op. cit.
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