Departamento de Economía


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"Homenaje al padre Francisco Javier Ibisate, S.J"

El pasado lunes 23 de abril, el programa Hablando de Economía, rindió un homenaje al padre Francisco Javier Ibisate, S.J, un homenaje a recordar sobre su vida, comentar sus anécdotas y su forma de vivir.

Ramón Catalán, catedrático del Departamento de Filosofía, UCA, invitado al programa, se refiere al padre Ibisate con estas palabras: “Si tuviera que definir a Francisco Javier Ibisate, voy a utilizar una expresión que yo no sé si aquí la entendéis, que era machariegamente bueno…, es una persona sin doblez, que es bueno pero de verdad".

“La sensación que tenía cuando estabas con él, era una sensación de plenitud, una persona buena, que irradia, además, bondad y que era imposible no apreciarla”, agregó Catalán.


Padre Ibisate

Un hombre fiel a Dios y a la realidad de su pueblo

 

Siervo bueno

El padre Ibisate acaba de morir hace media hora. Era previsible, pero mucha gente está llorando. Ante todo, fue un hombre muy bueno y querido. Dios nuestro Señor le está diciendo: “ Muy bien, siervo bueno. Entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25, 23)

                Javier Ibisate, el padre Ibis, llenó los 76 años de su vida de fidelidad a Dios. La hizo transparente de muchas manera. Cualquiera que le viese celebrar la eucaristía y predicar homilías, quedaba convencido de que Dios, fue una realidad muy real y muy cercana para él. No se le convirtió en rutina, sino que hasta el final fue referente esencial de su vida, fuerza en su debilidad y alegría que se hacía presente en tantas cosas buenas que vio en EL Salvador. La vida le fue mostrando lo profundo del misterio de Dios, y creo que siempre mantuvo la honda sencillez religiosa que heredó de su familia.

Aquí se encontró con Dios de muchas formas y en muchos lugares. En las aulas de la UCA y en las bombas y cateos en su casa, y siempre entre los pobres y los más pequeños. Con gran gusto, y con seriedad total, se dedicaba todos los fines de semana a celebrar eucaristía en varias parroquias pobres (en San José del Pino, en El Calvario) sin ninguna rutina, sino con la alegría de juntarse con sus hermanos y hermanas ante Dios.

                Creo que el padre Ibisate ha sido el jesuita más conocido y más querido dentro de la universidad, y ningún compañero suyo lo pondrá en duda. Por sus cuarenta años en la UCA, por el gran número de estudiantes que pasaron por sus aulas y el decanato de Economía, muchos y muchas lo recuerdan como el padre Ibis. Gozaba dando clases, animándoles, rompiéndose la cabeza en buscar aulas para todos en años de precariedad de locales. Con las secretarias, con las señoras de la limpieza, los trabajadores más sencillos fue especialmente atento. La gente pobre se le daba bien. Eran como de la familia.

                Y como si no tuviese pocas cosas qué hacer, aceptó ser párroco de la capilla de la UCA. Allí están enterrados sus seis compañeros mártires, y desde hace años y medio  el padre Jon Cortina. Con todos ellos vivió y trabajó. Cuando asesinaron a nuestros ocho compañeros de la UCA, hubo que buscar una bienaventuranza para cada uno de ellos. Me acaban de pedir una cita bíblica para la esquela del padre Ibisate. Valdría cualquiera de la ocho bienaventuranzas, pero como ya tienen dueño me he decidido por las siguientes palabras de Jesús con las que he comenzado:
“ Muy bien, siervo bueno. Entra en el gozo de tu Señor” (Mateo 25, 23)

Fragmento del artículo elaborado por el P. Jon Sobrino, S.J el 24 de abril de 2007, día en que falleció el padre Ibisate.

 


 

Francisco Javier Ibisate

Honor a un maestro sabio
Roberto Mendoza Sol

Quiero rendir homenaje, no solo a un maestro distinguido de las ciencias económicas, sino, aún más, al profesional de profesión ética y, especialmente, al conductor de sus alumnos, quienes siempre encontraron en él un consejero dispuesto a darles los más sabios y bien fundamentados consejos. Es más, antes de que se le pidieran los consejos, y antes de contar sus alumnos sus problemas, estos, con sorpresa, caían en cuanta que el padre ya se había percatado de ellos.

Para ilustrar lo que quiero poner en relieve de mi querido maestro, quien ya está gozando de la compañía del Señor, al que tanto amó y respetó en vida, me permitiré contarles algunas anécdotas personales.

En una ocasión mi rendimiento académico se vino a tierra sin explicarme yo porqué. Consulté al maestro y él me dijo: “Ya sé cuál es tu problema” me quedé atónito y le dije: “ Padre Ibisate, ¿cuál es mi problema?” pues ni yo mismo sabía. Él me dijo: “ Roberto, ya me di cuenta tu compañero de estudio se fue de viaje y te ha dejado solo y patojo. Pero, conociéndote, estoy seguro de que te levantarás de nuevo…. No te preocupes por este episodio pasajero.”
En otra ocasión, con otro profesor tuve casi un colapso nervioso, pues había estudiado para el examen con toda entrega y entusiasmo y quedé aplazado. Hablé con el catedrático y le conté de mi enorme frustración por haber salido mal, sobre todo por la dedicación que le puse al estudio. A lo que él me dijo: “ Roberto, no te preocupes ya el padre Ibisate me habló de ti y estoy seguro de que este mal momento, por lo que él me dijo, te servirá de aliciente para esforzarte en el futuro”. El padre, de iniciativa propia, había hablado con el catedrático al cual me refiero.

Mi boda la realicé en 1972, cuando apenas iba a mitad de la carrera. Fui a decirle a mi maestro y conductor: “ Padre, quiero dejar de estudiar este ciclo para ponerle atención completa por unos seis meses a mi nuevo hogar”.  Él me contestó: “ Hijo, vas a cometer el más grande error de tu vida. Estadísticamente, tenemos comprobado que todos los que han venido diciendo lo mismo que tu, después ya no regresan porque se acomodan y truncan su carrera. Te voy a dar un consejo: Estas llevando cinco materias, quédate con dos, las más fáciles, pero no pierdas el vínculo con la universidad”.

Ahora, con los años, estoy seguro de que si no hubiera seguido ese consejo, en efecto no hubiese terminado mi carrera.
En recién pasado ciclo de estudio de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, sus autoridades anunciaron que los alumnos iban a cursar una materia bajo el título “ Entorno económico mundial”. Dispuse inscribirme como alumno oyente, después de más de 30 años de haber salido de este centro de estudio. Fui hablar con el padre Ibisate, a contarle que iba a llevar esa materia. Él sacó un libro de su librera y me lo mostró, se titulaba: “ Entorno económico mundial” y su autor no era ni más ni menos que Francisco Javier Ibisate. Le dije: “ Padre, no me diga que usted va a ser mi profesor”. Los dos estabamos felices por tal motivo. Durante todo el ciclo, al referirse en clase a mi persona, con los compañeros, les decía: “ Este hombre es el abuelo feliz”
Estas anécdotas proyectan la calidad de persona y de maestro que fue el padre Ibisate. Quienes lo conocimos le recordamos con cariño y admiración.

 


 

El economista que creía en la humanidad

Luis Alvarenga

En una coincidencia desafortunada, El Salvador ha perdido esta semana a dos hombres que han encarnado lo mejor de sus valores intelectuales, es decir, la inteligencia puesta al servicio de las mayorías. El un o, a través de la palabra poética; el otro, a través del análisis académico. Ovidio Villafuerte y Francisco Javier Ibisate son estos dos hombre que recordamos con cariño y valoramos sus obras en sus alcances humanísticos. Estas líneas van dedicadas al segundo de ellos, al padre Ibisate y a su herencia intelectual.

El padre Ibisate vino al país hace cuarenta años, lo mismos que cumplió nuestro novelista Miguel Angel Espino de haber muerto. Es uno de los símbolos del compromiso de la UCA, universidad a la cual sirvió con suma dedicación, desde su labor como maestro, como rector, como analista de la realidad salvadoreña, pero sobre todo, como ser humano. Consciente de que la labor universitaria solo cobra sentido si sirve para que el pueblo tenga herramientas para entender su realidad y transformarla, el padre Ibisate se volcó al análisis de esa realidad a través del lente de la disciplina intelectual de la cual era un gran conocedor: la economía.

Tendemos a pensar que la economía es una ciencia abstraída del ser humano. La aparente frialdad y exactitud de las fórmulas e indicadores económicos nos hacen olvidar que la economía, desde sus orígenes, tiene una estrecha relación con la vida humana en sus aspectos más fundamentales. Desde su etimología griega, oikos, casa y nomos, orden, organización, el ordenamientos de los recursos de la casa, de la sociedad, que eso debiera ser, la casa de todos, la economía está llamada a responder por la pregunta: ¿cómo deberían de estar organizados los recursos de la sociedad para satisfacer las necesidades fundamentales de todos sus miembros? Lo ocurre es que impera cierta concepción de economía, rodeada de un halo de impenetrabilidad, que la hace parecer ajena a los seres humanos a los cuales se debe.
El padre Ibisate no cayó preso de esta mistificación. Al contrario, supo la razón de ser de la economía y actuó en consecuencia. Sus análisis de la coyuntura económica nacional, sus cátedras y, ya en esos últimos meses, sus amenas charlas sobre economía a través de la radio universitaria eran algunos de los cauces que tomaba su compromiso académico.

Al sacerdote jesuita que, hace cuarenta años, se hizo una sola carne y un solo corazón con el pueblo salvadoreño, le debemos también la creación de la revista Realidad económica y social, que nació, a iniciativa suya, como un boletín de coyuntura económica en lo años ochenta, cuando la situación del país hacía imperativo –y sigue siéndolo—volver asequible el análisis académico de la realidad al público más amplio. Realidad económica y social se convirtió, posteriormente, en la revista Realidad, dedicada actualmente a publicar ensayos en las distintas ramas de las ciencias sociales y las humanidades. El padre Ibisate fue miembro de su consejo editorial, al cual siempre aportó importantes ideas, además de sus artículos, en los cuales le dio un seguimiento sistemático a problemas acuciantes como las implicaciones de las cumbres mundiales, los problemas de la globalización, el neoliberalismo, el terrorismo de los grandes poderes contra los países pobres, entre otros.

Francisco Javier Ibisate fue el economista que creía en la humanidad. El fruto de su inteligencia y de su amor por esa humanidad, que para él tenía los rostros reales de los pobres, está en todo lo que hizo por la UCA y por el país.








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