| EL CAMINAR DEL PUEBLO DE DIOS | |
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Desterrados en Babilonia, los sobrevivientes de Israel se cuestionan:
los dioses de Babilonia, protectores de sus ejércitos,
¿eran pues más poderosos que Yavé Dios de Israel?
¿Por qué tanta injusticia y maldad entre hermanos?
¿Por qué las guerras, es destierro, el sufrimiento?
Reflexionan. Recopilan las tradiciones antiguas.
Adaptan a su fe algo de las tradiciones
religiosas de los pueblos del Oriente Antiguo: Babilonia y otros.
La respuesta a sus interrogantes resulta ser un clamor de fe
y de esperanza. Su mirada no se limita a los descendientes de
Abraham: se alarga a toda la humanidad. Escriben los capítulos
1 a 11 del libro del Génesis.
Usan símbolos: personas que existieron con ese nombre,
que representan toda la humanidad:
Adán, que significa "el hombre ligado a la tierra";
Eva, "la madre de los vivientes"; Caín y Abel: el agricultor y el
pastor de ovejas, dos categorías de gente siempre en oposición.
El diluvio era una tradición antigua de los pueblos del Oriente. La torre orgullosa que quiere alcanzar el cielo y divide los pueblos recuerda las altas pirámides donde quedaban los templos de Babilonia.
A los babilonios, les parece que el sol luna, las estrellas, la tierra y el mar son dioses. Los desterrados contestan, orgullosos: Yavé Dios hizo, de la nada, el sol, la luna, las estrellas, la tierra, el mar y todo lo que contienen. El proyecto de Dios es muy bueno. Pero los humanos quisieron igualarse a Dios el pecado, entran en el mundo el mal y el sufrimiento, la division entre hermanos y entre los pueblos.
Asimismo, mantienen la confianza en PROYECTO DE DIOS: ¡Esa es la ESPERANZA!