| EL CAMINAR DEL PUEBLO DE DIOS | |
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Omri y Acab fueron los reyes de Israel en aquella época. Omri,
padre de Acab, hizo de Samaria su nueva capital. Acab construyó
allí su "casa de marfil", la que más tarde condena el profeta Amós
(Amós 3, 15 y 6, 4).
Acab mandó reconstruir y fortificar las ciudades (1 Reyes 22, 39),
e hizo alianza con el rey de Tiro. Esta alianza fue sellada por el
matrimonio con Jezabel, la hija del rey de Tiro (1 Reyes 16, 31).
Este desarrollo economico se hacía a costa de muchas injusticias.
Acab y Jezabel robaban tierras a los campesinos y los mataban
para obtener lo que querían, como si hubieran sido los dueños de la
vida y de la muerte de sus súbditos (1 Reyes 21, 1-16).
Contaban con la ayuda y el apoyo de "los nobles", "los ancianos",
( 1 Reyes 21, 8) y de los "jefes militares" ( 2 Reyes 1, 9-11).
Así, los ricos celebraban sus fiestas a costa de los pobres y
de los indigentes (Amós 4, 1), "Sin preocuparse de la ruina de
José, del pueblo".
En esta situación de opresión, había los que, fieles a la
alianza, resistían a la opresion del ambiente.
Abdías, el empleado del rey, por ejemplo, que había salvado
la vida de 100 profetas, alimentándolos a escondidas ( 1 Reyes 18,13).
Había siete mil personas (siete veces mil, es decir realmente
muchas) que no habían doblado sus rodillas ante Baal...
ELIAS: hombre de Dios y hombre del pueblo, no frecuentaba el palacio del Rey ni comía en la mesa de la Jezabel, como hacían los profetas oficiales ( 1 Reyes 18, 18-19). Vivía en la soledad del desierto y de las montañas ( 2 Reyes 1-9) y convivía con los pobres ( 1 Reyes 17, 9-19).
SU UNION CON DIOS NO LE ALEJABA DE LOS HERMANOS.
SU CONVIVENCIA CON LOS POBRES, NO LE ALEJABA DE DIOS.